Con el pasar de las semanas Samanta no aguantó el dolor de
sus propias mentiras, y con su propia tortura mental se comenzó a alejar de su
novio, e inconscientemente con el tiempo ya no sentía lo mismo hacia Ryan y
rompió con él.
Pero
Ryan se sentía devastado, la necesitaba más de lo que
necesitaba su propia vida, y sus días se volvían fríos sin ella.
Pero aquel triste día de otoño Ryan despertó cansado,
cansado de amor y de dolor irreparable, un dolor que ni con el más triste poema
se puede describir, y esa misma mañana el escribió una dulce pero triste carta,
y con ella le puso fin a su vida.
Y todos esos recuerdos, todos esos besos y caricias se
esfumaron, por qué Ryan no estaba, y parte de él jamás estuvo.
No fue la cuerda colgada en ese árbol que lo mató, fue la
esperanza de tenerlo todo y no conseguir nada, fue el “por siempre” que ya
acabó, fue la soledad que lo hundía, fue la manera en que dices adiós con una
carta para Samanta.

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