Una tarde Fabián estaba jugando fútbol pensado en la
conversación que tuvo con su padre.
Padre: Fabián quiero que te inscribas en la escuela de
tenis.
Fabián: pero papá no me gusta el tenis.
Padre: Es una tradición, todos en la familia entrenamos
tenis cuando éramos pequeños y tu no serás la excepción (dijo con voz
autoritaria y el ceño fruncido)
Fabián: papá por favor
(hace pucheros).
Padre: no, te inscribirás
y esa es mi última palabra (grito fuerte y se fue)
(Fabián se distrajo y sin querer tropezó con una piedra y
cayó muy fuerte)
Fabián: Ahhhh… duele mucho, creo que me rompí algo (dijo
llorando)
Entrenador: Fabián llamare inmediatamente a la ambulancia,
necesito el número de celular de tu madre.
(Fabián estaba en su cuarto sollozando cuando su madre toco
la puerta y entró)
Madre: hijo mío no llores ya pasará
Fabián: mamá es que no lo entiendes, ya no podré jugar
futbol.
Madre: ya verás que los meses se pasaran rápidos, no te
angusties ¿sí? (tiene una mirada tierna)
Fabián: está bien, ojalá así sea.

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